Esta sinfonia que toco con esfuerzo placentero, me saca lagrimas de sangre, pues condeno su estructura más basica, en la que los movimientos sin sentido aparente son la fuente de mi epicureismo. ¿puedo acaso rogarle a las altas montañas aquella agua que me han negado? 

dulces gotas de miel cristalinas, hechas de agua fría que caen en este pesado abismo, donde las paredes cavernosas encierra no solo mi ser corporal, sino mi fluidez mental.

solo queda experimentar la resignación una vez más por la adición que mi existencia vive en el libro de la vida y los placeres más básicos de mi raza…

toda tuya soy, mi sombrero de arlequin babea asquerosidades fervientemente, esperando que sus cascabeles vuelvan a sonar al son del ritmo sexual.

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